UNA IDEA

^ Foto de Miguel Gómez Losada.
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Es evidente que la potencia comunicativa de la imagen es más intuituva y directa que la de las propias palabras, no sólo en la insondable generalidad de la historia -de las culturas, de los pueblos y de sus sociedades- sino también en el itinerario vital, personal e intrasferible, de cualquier ser humano, y es que el hombre aprende a mirar mucho antes que a hablar. Es nuestra contemporaneidad, precisamente, la que ha percibido y multiplicado este obvio poderío de lo visual -que ahora aflora sin límite en esta era de la imagen en la que estamos inmersos- provocando que quizá, con esta avalancha a la que los medios de masas y los nuevos sistemas de comunicación nos someten, se haya minado definitivamente -y con consecuencias poco claras- el protagonismo de la letra en favor de la todopoderosa imagen.

Prueba de ello es como algunos de los últimos reductos de la comunicación escrita van adoptando nuevas formas -los sms, los e-mail- tendentes más a lo icónico o a lo pictográfico que a lo estrictamente literario. Incluso la propia literatura, monarca insuperable en el reino de las palabras, ha mutado, en aras de unos nuevos y jóvenes autores -algunos con más cultura cinematográfica que propiamente literaria- hacia creaciones donde se prefiere lo visual a lo retórico. Por supuesto, la creación plástica, siempre ha entendido, no sólo esta importancia de la imagen por sí misma, sino también su extraordinaria capacidad expresiva y, a excepción de épocas donde se ha primado cierta estética -con o sin contenido- alguna abstracción meramente formal, o conceptualismos demasiado descontextualizados, la expresión artística ha ido frecuentado, de manera habitual y preferentemente, algunos de esos narrativos parámetros.

También el arte actual, fiel exponente de la sociedad que lo produce, ha asimilado este dominio de la imagen y sus posibilidades para narrar, volviendo de una etapa relativamente reciente donde, dentro de la evaluación de las imágenes producidas por la creación plástica -la crítica artística- el adjetivo "narrativo" se empleaba de una forma no siempre positiva. Así, muchos artistas plásticos contemporáneos retoman este gusto tan humano y permanente por contar historias y, llevándolo a esta nueva y moderna tradición visual, lo desarrollan en base a unas narraciones, personales o universales, pero en todo caso extraordinarias.